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En Cuaresma, llamados a encontrarnos con el amor misericordioso de Dios

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En la homilía durante el Miércoles de Ceniza, Monseñor Uriona señaló que, iniciar el tiempo de Cuaresma, implica partir de la realidad de que el mundo niega, implícita o explícitamente, la realidad del pecado.

En ese sentido, precisó que, en la actualidad, el reconocimiento del pecado es algo que “no está de moda”. “¿De qué tengo que pedir perdón? La sociedad, cada vez más soberbia y alejada de Dios, va perdiendo la conciencia del pecado” explicó al recordar que esta realidad ya era advertida por Pío XII hace más de 60 años.

Por otra parte, el Obispo diocesano explicó que el pecado se encuentra dentro del ámbito espiritual y que debe ubicarse siempre en referencia a Dios, a diferencia de la culpa que se encuentra dentro del plano de lo humano, de la psicología.

Hoy el hombre vive con mucha culpa por eso están abarrotados los consultorios de los psicólogos. Se vive la culpa, desde el plano psicológico y es tan fuerte, que es como un circulo: es muy difícil salir de eso. En cambio, la conciencia del pecado, me abre a la relación con Dios misericordioso y entonces las cosas cambian. Puedo empezar a reconocer mi culpa, pero siempre en referencia a Dios” explicó en la misa celebrada en la Catedral de Río Cuarto.

“La Pascua es la gran fiesta de la liberación, de la salvación, porque allí se manifestó, el perdón impresionante de Dios que entrega a Cristo a la muerte por nosotros y resucita para nuestra salvación”.

Posteriormente, resaltó que el primer paso para vivir esta Cuaresma en el Año de la Misericordia es reconocer el pecado: “Soy pecador, soy miserable, necesito de Dios, de su perdón. Esa apertura del corazón conmueve a Dios”.

En ese sentido, Monseñor Uriona, indicó que el tiempo de Cuaresma es un momento verdadero y profundo, para el encuentro con “nuestra propia realidad”. “Cuando vemos nuestros pecados, hay que poner eso en las llagas de Cristo crucificado. Que en esta Cuaresma podamos mirarnos a nosotros y mirar la Cruz del Señor donde brota el perdón misericordioso” sostuvo.

Tomando el Evangelio, Monseñor Uriona recordó que la oración, el ayuno y la limosna constituyen aspectos fundamentales para trabajar durante la Cuaresma, debido a que hacen referencia a nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y con los demás, respectivamente.

“Estos caminos siempre van unidos, no se los puede separar. Una oración que no esté acompañada por el ayuno, es sólo una búsqueda de uno mismo. Un ayuno que no esté acompañado de la limosna, se parece a esas dietas light. El ayuno tiene que estar íntimamente unido a la oración y tiene que transformarse en limosna para los demás. A través de estos caminos, vamos predisponiendo nuestro corazón para que Dios nos envíe su perdón y su amor misericordioso”. 

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