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La Diócesis de Río Cuarto tiene un nuevo diácono: Jorge Reinaudo

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Durante el pasado viernes 9 de diciembre, se realizó la Ordenación Diaconal del seminarista Jorge Reinaudo, en el patio del Seminario Jesús Buen Pastor.

A continuación, compartimos la homilía del Obispo Diocesano, Mons. Adolfo Uriona:

Queridos hermanos:
Junto a su familia y amigos compartimos, como Familia diocesana, la gran alegría de la ordenación diaconal de Jorge.

A través de la imposición de manos del obispo y la plegaria de ordenación recibirá el primer grado del Orden Sagrado, se incardinará en esta diócesis y se irá encaminando hacia el presbiterado al cual se sintió llamado por el Señor.

Como bien sabés el ministerio diaconal desde sus inicios está orientado al “servicio” y, a través del mismo, comenzarás un camino de identificación con Cristo quien “no vino a ser servido sino a servir y a dar la vida en rescate por una multitud”.

Las lecturas bíblicas que elegiste marcan, a mi modo de ver, dos actitudes fundamentales que deberás asumir como “servidor”.

1ª. Como lo hizo el apóstol Felipe, deberás estar atento a los mociones del Espíritu siendo siempre dócil a su inspiración.

A raíz de la persecución desencadenada en Jerusalén él y muchos otros miembros de la primitiva Iglesia llevaron su ímpetu evangelizador a otras tierras. Estando en ese menester el Ángel lo envía a un camino desierto.

Su humano sentido común lo hubiera podido llevar a pensar que no era Dios quien inspiraba eso; la evangelización debería hacerse en los poblados y no en el desierto. Sin embargo, porque era un hombre de Dios, obedeció, fue dócil.

Esto le dio la oportunidad de encontrarse con un eunuco etíope, ministro de la reina, que volvía de Jerusalén leyendo al profeta Isaías en su carruaje. Estaba preparado para recibir el mensaje y Felipe le anuncia el kerigma, la Buena noticia de la salvación la cual le llega al fondo del corazón y lo dispone a recibir el bautismo. Luego siguió con gozo su camino y seguramente habrá sido el primer evangelizador en su tierra.

Siguiendo esta Palabra, te animo a buscar siempre, desde un sincero discernimiento, la voluntad de Dios. Qué reces y también aprendas a dejarte iluminar por personas sabias que te ayuden en ese camino de búsqueda. No te encierres en tus propias ideas, confróntalas con las que te proponen los otros aunque a veces puedan parecerte no lógicas o contradictorias.

Además como Felipe, no te canses de anunciar el Evangelio, valorando y potenciando el encuentro personal. Los caminos por donde el Señor te llevará son insondables; siguiendo la instrucción de San Pablo a Timoteo: “proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella”… (2Tim 4,2)

2ª. Como lo hizo Jesús que tu anuncio y servicio vaya dirigido de manera preferencial a los pecadores. Son los que necesitan del médico; a ellos vino a buscar el Señor como lo expresa el evangelio.

Que tu corazón siempre misericordioso y compasivo, tenga la inteligente creatividad a la hora de buscar caminos para evangelizar a los más alejados.

Qué el Magisterio del Papa Francisco, quien nos invita insistentemente a salir hacia las periferias geográficas y existenciales, vaya modelando tu mente y tu corazón.

El Espíritu está hablando a la Iglesia a través de su enseñanza que nos impele a volver a las raíces del Evangelio. En la Evangelii Gaudium nos dice:
“… remarquemos que la evangelización está esencialmente conectada con la proclamación del Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado. Muchos de ellos buscan a Dios secretamente, movidos por la nostalgia de su rostro, aun en países de antigua tradición cristiana. Todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción».

Querido Jorge, en este día donde iniciarás este camino de entrega más honda a través del ministerio diaconal, que tu docilidad al Espíritu y la entrega al Pueblo de Dios orienten siempre tu corazón de pastor.

Qué María, la Virgen Inmaculada, te cuide en el servicio que iniciarás.

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