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Mons. Adolfo disertó en el Congreso “Pensando Río Cuarto”

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Durante la tarde del jueves 12, Monseñor Adolfo Uriona fue convocado para disertar en el Congreso “Pensando Río Cuarto”. En la oportunidad, el Obispo brindó una exposición sobre “La igualdad de oportunidades en la agenda local”, junto al Dr. Abel Albino y el Dr. Claudio Stampalija. A continuación le compartimos la exposición completa de nuestro Obispo Diocesano.

EXPOSICIÓN EN  EL CONGRESO “PENSANDO RÍO CUARTO”

Agradezco la invitación de “Pensando Río Cuarto” a fin de oficiar como disertante acerca de “La igualdad de oportunidades en la agenda local”. Me congratulo y es un honor para mí compartir este espacio con el Dr. Albino a quien pude conocer en Añatuya  y el Dr. Claudio Stampalija.

  1. “Equidad frente a la inequidad”

Igualdad de oportunidades es sinónimo de “equidad”. En la “Laudato Si”, encíclica profética del Papa Francisco sobre el cuidado del medio ambiente, el Sumo Pontífice utiliza repetidas veces el término “inequidad”. En el Nº 90 se expresa así:

“Deberían exasperarnos las enormes inequidades que existen entre nosotros, porque seguimos tolerando que unos se consideren más dignos que otros. Dejamos de advertir que algunos se arrastran en una degradante miseria, sin posibilidades reales de superación, mientras otros ni siquiera saben qué hacer con lo que poseen… Seguimos admitiendo en la práctica que unos se sientan más humanos que otros, como si hubieran nacido con mayores derechos…”

Estas palabras del Santo padre me lleva a la conclusión que sólo es posible hacer planteos sobre la equidad social en la ciudad Río Cuarto si primero nos dejamos cuestionar con dolor por la inequidad existente en la misma. Tal vez esta actitud ilumine la mente y enternezca el corazón de todos, dirigentes y ciudadanos, para pensar con creatividad y tomar con coraje las medidas pertinentes que lleven a superar esta situación.

Qué Río Cuarto es una ciudad inequitativa y fragmentada nos lo dicen sus barriadas periféricas que viven acuciantes problemáticas sociales: desintegración de la familia, violencia y abuso infantil, avance arrasador de las drogas… Nos hablan de ella: los niños que limpian los parabrisas en las esquinas, la falta de acceso a una educación igualitaria (el 50 % de los que comienzan la secundaria no la terminan…), la gran demanda de viviendas, entre otras cosas…

No quiero caer en un diagnóstico pesimista, me faltan elementos para hacerlo con total objetividad, sólo señalo lo que se puede percibir a simple vista. Mi propuesta será dejar resonar la experiencia de la Iglesia en su tarea pastoral y en su reflexión concreta en la D.S.I. y también compartir las palabras del Papa Francisco quien con su enseñanza y ejemplo nos puede ayudar en este camino de buscar una mayor equidad social.

  1. B) “Una propuesta que surja de la compasión”:

En el evangelio escuchamos que Jesús “al desembarcar vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato” (Mc 6,34)

¿Por qué traigo a colación este texto del Evangelio?, ¿qué quiero decir con esto?…

Quiero decir que la inequidad nos debe doler y por eso quisiera proponer esta primera actitud. Soy un convencido que no se puede pensar ni hacer propuestas sobre la equidad sin antes sentir en carne propia, o al menos intentar, lo que significa y trae aparejada la inequidad. Tenemos que ser conscientes que sin actitudes profundas que provengan del interior de nuestro corazón y sostengan la mirada y el trabajo, con facilidad lo propuesto puede ser pasto del desaliento desmoronarse. Por eso es necesario generar nuevos modos de convivencia social, profundizar aquellas actitudes que sabemos nos hacen bien  como sociedad.

Propongo, entonces, tres actitudes: escuchar, integrar y dialogar

  1. Escuchar: pero ¿qué escuchar? Tenemos que escuchar a la realidad tal como nos dice el Papa Francisco: “Hoy no podemos dejar de reconocer que  un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres…”[1]

Sin esta capacidad de escucha de los más pobres y de lo que nos pase en el cuidado de la casa común podemos quedarnos en meros planteos técnicos.

  1. Por eso se hace necesario integrar los diversos agentes sociales e instituciones

La propuesta que Francisco hace para la ecología nos sirve para un planteo real de equidad social.

“… Las soluciones no pueden llegar desde un único modo de interpretar y transformar la realidad…[2]  La fragmentación de los saberes cumple su función a la hora de lograr aplicaciones concretas, pero suele llevar a perder el sentido de la totalidad[3] Los conocimientos fragmentarios y aislados pueden convertirse en una forma de ignorancia si se resisten a integrarse en una visión más amplia de la realidad”.[4]

Los obispos argentinos acabamos de emitir un documento sobre el Bicentenario de nuestra patria donde se nos invita a “hacer memoria” de nuestra independencia y a construir la “casa común” que es nuestra patria. En él expresamos que “no hay plena democracia sin inclusión e integración: esta es una responsabilidad de todos, en especial de los dirigentes. Como dice el Papa Francisco “quien tiene el privilegio de una vida digna, en lugar de preocuparse de sus privilegios debe tratar de ayudar a los más pobres para que puedan acceder también a una condición de vida acorde con la dignidad humana…”

  1. Para integrar es necesario dialogar

“Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta…”[5]

La igualdad de oportunidades supone un diálogo largo, paciente y perseverante. Una búsqueda que nos ayude a seguir apostando al diálogo desde las diferencias.

He querido hacer mi aporte destacando un proceso en la instalación de la equidad social en la agenda ciudadana: mirada “dolida”, escucha de la realidad y compromiso real para cambiarla junto al que piensa diferente. Sigamos soñando, proponiendo un proyecto de equidad, para los cristianos es un signo elocuente del proyecto de Jesús que vino para que todos tengamos vida y vida en plenitud.

[1] .- Laudato Si, Nº 49

[2] .- Laudato Si, Nº 63

[3] .- Laudato Si, Nº 110

[4] .- Laudato Si, Nº 138

(Foto: Gentileza “Pensando Río Cuarto”)

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