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Plan Pastoral Diocesano – Segundo Domingo de Cuaresma

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En el marco del camino cuaresmal que culmina con la Pascua y proponiendo vetas que permitan iluminar la Carta Pastoral de nuestro obispo para la tarea en las parroquias y comunidades, este segundo domingo acaricia la liturgia con el Evangelio de la Transfiguración.

La carta pastoral presentada por nuestro obispo comienza resaltando la centralidad de la Pascua, para, más adentro, fundamentar allí que la tarea principal es anunciar el Kerygma.

El texto episcopal, iluminado por Evangelii Gaudium, describe cuáles son los objetivos de la tarea pastoral kerygmática:

  • Los que concurren a los templos.
  • Los que, católicos, han dejado de concurrir
  • Quienes están más lejos e ignoran la vida de Iglesia.

Esta idea se convierte en central en la Carta Pastoral cuando insiste en la necesidad fundamental de comprender y trabajar para ser una Iglesia en salida.

Sin reinterpretaciones ni argumentos comodaticios.

Ser Iglesia en salida que anuncia el misterio de Cristo que murió y que resucitó. Y que con su resurrección venció a la muerte.

Este vencer a la muerte es el más grande misterio de amor que nos devuelve la dignidad de hijos que nos regaló en Adán y Eva.

Y un Padre no quiere ni hacer ni ver sufrir a sus hijos. Aunque Dios por su Amor y Misericordia respeta nuestras decisiones y se encarga de hacernos saber que siempre nos espera para abrazarnos.

Cristo encarnado, muerto y resucitado es el único que puede darle sentido al sufrimiento. Y con ese sufrimiento nos hace formar parte de su misión.

Ofrecer el sufrimiento es una propuesta que debe realizarse a quien padece. Pero de nada sirve enseñar sin acompañar. Sin compadecerse.

Esta podrá ser una propuesta no solo individual del pastor sino comunitaria.

Salir a compadecerse y en esa cercanía anunciar el Kerygma.

La primera lectura, del Génesis, relata la promesa a Abrám.

Salir, marchar hacia el país que el Señor mostrará.

Nuestro “país” es la gente de la comunidad que está postergada, olvidada, malcuidada, es decir, ellos son la URGENCIA diocesana. Son nuestros pobres.

El Evangelio es consolador: ante el estupor de los discípulos al pie del Tabor luego de aceptar acompañar al Señor a orar, y de la Palabra del Padre “Este es mi Hijo querido … escúchenlo”, las primeras palabras de Jesús son: “Levántense, no tengan miedo”.

Orar juntos como comunidad invitados por Jesús para redescubrir la fe de Abrám que recibe una invitación inusual: salir hacia un nuevo país, cada hermano.

Y a la vez que esa fe nos convierta en seguidores que aunque no entendamos demasiado, nos abrazamos al “No tengan miedo” de Cristo luego de manifestar su Gloria y cercanía en la misma oración.

Salir a conocer, mirar, nombrar y compadecernos con nuestros vecinos, será ya el primer anuncio del Kerygma.

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