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Rogelio D’Angelo fue ordenado diácono permanente en Alejo Ledesma

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En una ceremonia emotiva realizada durante el sábado 26 de diciembre, Monseñor Adolfo Uriona encabezó la ordenación diaconal de Rogelio D’Angelo. A continuación, compartimos la homilía de Monseñor Uriona.

Homilía en la ordenación diaconal de Rogelio “Tito” D’Angelo

En este sagrado tiempo de Navidad, tiempo fuerte donde nos inunda la certeza de que el Señor nos dona su Misericordia a través de un Niño Pequeño, celebramos la ordenación diaconal de Rogelio “Tito” D’Angelo.

Las notas previas al Ritual de Ordenación expresan: “Es oficio propio del diácono administrar solemnemente el Bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al Matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el Viático a los moribundos, leer la sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y de la sepultura. Dedicados a los oficios de la caridad y de la administración, recuerden los diáconos el aviso del bienaventurado Policarpo: “Misericordiosos, diligentes, actuando según la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos”.

Tito será un diácono permanente casado, es decir tiene su familia. Me parece providencial celebrar su ordenación en la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. En ella descubrimos el misterioso modo de obrar del Dios de la Misericordia.

Ante todo el Hijo de Dios, si bien vino de manera extraordinaria a este mundo dado que la Virgen María lo concibió por obra del Espíritu Santo, sin embargo no lo hizo de manera “visiblemente extraordinaria”. Lo hizo ocultamente, en el seno de una familia pobre, sencilla, trabajadora, que vivía en una aldea desconocida de la Galilea. Además su nacimiento fue en medio de penurias, en una gruta de animales y solamente acompañado por los más pobres de la sociedad: los pastores.

Jesús, nos dice el texto, vivió sumiso a sus padres. Desde pequeño se iba preparando para ser obediente al Padre hasta la muerte de cruz. Los vínculos de respeto, amor y ternura que existían en el seno de la Sagrada Familia fueron modelando la mente y el corazón del Señor.

Solamente contemplando y viviendo este ejemplo, nuestras familias podrán superar la imposición agresiva de modelos extraños y confusos de familia propuestos por esta sociedad alejada de Dios, modos que llevan a destruirla en su esencia.

También la familia de Nazaret tuvo sus dificultades y el texto bíblico de este domingo nos lo revela. Jesús, Hijo del Eterno Padre, debía cumplir su misión. Esta misión era desconocida a María y José. Por ello, cuando se les perdió en el Templo a los doce años, vivieron una angustia muy grande y, al encontrarlo al tercer día en medio de los doctores de la Ley, no entendieron su respuesta quedando perplejos. Sin embargo la aceptaron con espíritu de fe, comprendiendo que su hijo no les pertenecía, había una gran distancia con ellos, era algo muy especial que los trascendía.

Por otra parte, nos sigue relatando el texto, Jesús continuará sumiso y obediente a sus padres hasta los 30 años cuando comenzará su misión mesiánica.

Querido Tito, que como María y José, puedas ser siempre dócil a este Dios que nos desconcierta. Al recibir hoy el ministerio diaconal, que te constituirá servidor del Pueblo de Dios, te pido que tu preocupación gire alrededor de tres puntos principales:

  1. Qué puedas acompañar con tu accionar a los más pobres, abandonados y alejados.
  1. Que también tengas una particular solicitud por las familias, en especial por las que están pasando un momento de dificultad, por el motivo que fuera. Qué el testimonio de tu vida familiar las ayude a descubrir el rostro misericordioso de Dios.
  1. Qué transmitas los valores del Reino de todas maneras, en particular, a través de los medios de comunicación.

Qué Jesús, María y José bendigan este paso que hoy darás.

Foto: Gentileza Adriana Novarino (03468-490687)

 

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