Como cada 1° de mayo, miles de peregrinos llegaron al Santuario de Reducción para honrar al Señor de la Buena Muerte. Mons. Adolfo Uriona presidió la celebración central, dejando un profundo mensaje sobre la fe y el valor del trabajo.
Durante la homilía, el Obispo destacó el esfuerzo de quienes caminaron para encontrarse con Cristo. «El peregrinar nos recuerda que la vida del hombre es un caminar hacia una meta: la casa del Padre», expresó, invitando a vivir este trajinar con profunda solidaridad.
Al coincidir con el Día del Trabajador, Mons. Uriona reflexionó sobre el trabajo como participación en la creación de Dios. Recordó que el Señor se reveló en el taller de un carpintero: «La fe no es algo que dejamos en la puerta del Santuario. Se lleva puesta en el overol, en el trato con el compañero y en la honestidad de nuestros negocios. Allí donde trabajás ganándote el pan, allí está Dios».
Frente a la dolorosa situación social, el Obispo invitó a elevar dos peticiones fundamentales:
¡Que San José Obrero interceda por nuestros trabajadores y el Señor de la Buena Muerte nos llene de la esperanza del Resucitado! 
